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Artículos semanales

Ideas y herramientas concretas, publicadas cada semana, para acompañar a la infancia y adolescencia desde el vínculo.

  • Crianza respetuosa

    Berrinches en público: sostener el límite cuando todos miran

    El supermercado, la calle, la casa de otra persona: los berrinches en público pueden activar una vergüenza que empuja a cambiar la crianza sobre la marcha. ¿Cómo sostener el límite sin ceder por presión social?

  • Educación emocional

    Rutinas que regulan: previsibilidad como herramienta emocional

    Para el sistema nervioso de un niño o una niña, saber qué va a pasar después es una forma silenciosa de seguridad. Las rutinas no son solo organización doméstica, son una herramienta de regulación emocional.

  • Neurodivergencia

    Señales tempranas de neurodivergencia: observar sin etiquetar

    Cuando aparecen preguntas sobre el desarrollo de un niño o una niña, es común que la ansiedad de encontrar una respuesta rápida se adelante a la observación cuidadosa. Ofrecer una mirada calma frente a las señales tempranas de neurodivergencia permite entregar apoyos a tiempo.

  • Crianza respetuosa

    Límites sin gritos: sostener el 'no' desde la calma

    Poner límites es una de las tareas más agotadoras de la crianza, sobre todo cuando parece que gritar "funciona" más rápido. Pero los límites sostenidos desde la calma, aunque a veces tomen más tiempo, construyen algo que el grito no puede: la sensación de que se puede confiar en el adulto incluso cuando dice "no".

  • Pedagogía del vínculo

    Apego seguro en el aula: por qué el vínculo enseña tanto como el contenido

    Durante años pensamos que enseñar era, sobre todo, transmitir contenidos. Hoy la neurociencia y la psicología del desarrollo nos muestran algo distinto: el cerebro infantil aprende mejor cuando se siente seguro, y esa seguridad depende en gran parte del vínculo que construye con quien enseña.

  • Educación emocional

    Nombrar las emociones en casa: el primer paso del vínculo

    Cuando una niña o un niño puede poner en palabras lo que siente, algo cambia por dentro: la emoción deja de ser un torbellino incontrolable y se convierte en algo que se puede mirar, entender y, poco a poco, manejar. A este proceso lo llamamos alfabetización emocional, y empieza mucho antes de lo que pensamos: en las conversaciones cotidianas de la casa.